Indumentaria valenciana: qué es un traje de valenciana y en qué se diferencia del traje de fallera

Mujeres vestidas con indumentaria valenciana tradicional

A primera vista parece una pregunta sencilla: ¿es lo mismo un traje de valenciana que un traje de fallera?

La respuesta corta es que no exactamente, pero tampoco son dos mundos separados.

En Valencia utilizamos ambos términos continuamente y muchas veces incluso como sinónimos. Una mujer puede decir que va a ponerse “el traje de fallera” para una Ofrenda y otra hablar del mismo conjunto como “vestirse de valenciana”.

La diferencia empieza a entenderse cuando ampliamos la mirada. La indumentaria valenciana es mucho más extensa que las Fallas, mientras que la indumentaria fallera pertenece a un contexto festivo concreto que ha evolucionado durante generaciones y ha terminado creando una imagen reconocible en todo el mundo.

Además, dentro de las propias Fallas de Valencia pueden convivir distintas formas de vestir de valenciana.

Por eso no basta con mirar una falda y decidir si aquello es “traje de fallera” o “traje de valenciana”.

Hay que observar el conjunto: qué tipo de vestido se pretende recrear, su patronaje, el peinado, las peinetas, el aderezo, las manteletas, la ropa interior, el volumen de la falda y el contexto en el que se utiliza.

Indumentaria valenciana no significa simplemente traje de fallera

Distintos estilos de indumentaria valenciana femenina
La indumentaria valenciana comprende formas de vestir de diferentes épocas y tradiciones.

Joanbanjo (original 1); Joanbanjo (original 2), vía Wikimedia Commons. CC BY-SA 3.0. Adaptación para VALENCIA: composición de dos fotografías, reducción y conversión a WebP. La imagen adaptada se distribuye bajo CC BY-SA 3.0; las adaptaciones posteriores deben respetar la atribución y compartir igual.

La expresión indumentaria valenciana es la más amplia.

Incluye formas de vestir relacionadas con diferentes épocas, territorios, clases sociales, actividades y momentos de la vida de los valencianos.

Esto parece evidente, pero ayuda a desmontar una imagen muy extendida: las mujeres valencianas de los siglos XVIII y XIX no caminaban todas por las calles vestidas como una Fallera Mayor actual.

Había ropa de trabajo, vestidos cotidianos, indumentaria festiva, prendas propias de distintas posiciones económicas y una relación constante con las modas de cada época.

La imagen que hoy identificamos inmediatamente como “la valenciana” se fue construyendo con el tiempo.

L’ETNO ha estudiado precisamente ese proceso: la creación de una imagen icónica de la mujer valenciana desde finales del siglo XIX, su relación con movimientos culturales y sociales posteriores y la enorme fuerza que adquirió durante el siglo XX al quedar estrechamente asociada a las Fallas.

Eso no convierte la indumentaria actual en algo falso.

Significa algo mucho más interesante: la tradición también tiene historia y evoluciona.

Entonces, ¿qué es un traje de fallera?

La expresión traje de fallera es perfectamente normal cuando hablamos del contexto fallero.

Si una mujer pertenece a una comisión y se viste para una Ofrenda, una presentación, una exaltación, una Crida o cualquier otro acto de su falla, nadie necesita iniciar una discusión académica antes de decir que “va vestida de fallera”.

El problema aparece cuando utilizamos esa denominación como si describiera un único modelo histórico cerrado.

Ni siquiera el propio Reglamento Fallero establece una separación tan simple. Al hablar de los actos falleros utiliza conjuntamente los conceptos de indumentaria fallera y valenciana tradicional, y para la mujer emplea la denominación tradicional de traje de Valenciana.

Es decir, “fallera” también describe una identidad y un contexto festivo, mientras que “valenciana” nos permite hablar de un universo de indumentaria considerablemente más amplio.

Una fallera puede vestir de valenciana.

Una mujer vestida de valenciana no tiene necesariamente que ser fallera.

Y dentro de una misma comisión pueden encontrarse conjuntos inspirados en estilos y épocas diferentes.

No existe un único traje de valenciana

Esta es probablemente la idea más importante para empezar a comprender la indumentaria valenciana.

Decir “el traje valenciano es así” casi siempre obliga a simplificar demasiado.

Incluso cuando distinguimos entre indumentaria inspirada en los siglos XVIII y XIX, estamos agrupando décadas de evolución de la moda, diferencias económicas, territoriales y sociales.

Las categorías XVIII y XIX son útiles para orientarnos y se utilizan habitualmente también dentro del mundo fallero, pero no deberían interpretarse como dos uniformes históricos perfectamente definidos.

Tenemos prendas conservadas en museos, documentación, pinturas, grabados, fotografías posteriores, tejidos y estudios que permiten reconstruir distintas formas de vestir.

La propia Casa Museo Benlliure conserva, por ejemplo, jubones, casacas, chaquetillas, corsés, vestidos y tejidos de los siglos XVIII y XIX.

Y aquí aparece una de las grandes oportunidades futuras de VALENCIA VALENCIA: cada periodo merece ser estudiado con mucha más profundidad de la que cabe en este artículo.

Hoy solo necesitamos aprender a distinguir el mapa general.

El siglo XVIII: mucho más que ponerse un solo moño

Indumentaria valenciana femenina inspirada en el siglo XVIII
Los conjuntos inspirados en el siglo XVIII pueden diferenciarse en patronaje, silueta, peinado y complementos.

Joanbanjo, vía Wikimedia Commons. CC BY-SA 3.0. Adaptación para VALENCIA: reducción y conversión a WebP. La imagen adaptada se distribuye bajo CC BY-SA 3.0; las adaptaciones posteriores deben respetar la atribución y compartir igual.

Dentro de la indumentaria valenciana actual encontramos numerosos conjuntos que buscan inspiración en formas de vestir del siglo XVIII.

Pero “vestirse del XVIII” no consiste simplemente en cambiar el peinado.

El cuerpo puede responder a patronajes distintos, la falda no tiene por qué formar un conjunto inseparable con él, aparecen diferentes jubones, justillos, camisas, pañuelos, delantales y soluciones adaptadas al momento histórico que se pretende representar.

También cambia la silueta.

El largo de las faldas, el volumen, la construcción del cuerpo, las mangas, los escotes, los tejidos y la ropa interior pueden responder a criterios distintos de los asociados a la imagen contemporánea más reconocible de una fallera.

Y después está el cabello.

Los conjuntos de inspiración dieciochesca se asocian frecuentemente con soluciones de moño único posterior, acompañadas de peinetas y joyería coherentes con ese planteamiento.

Pero contar moños no convierte automáticamente un conjunto en históricamente correcto.

Puedes tener un peinado inspirado en el XVIII y combinarlo con prendas, joyería o proporciones que respondan a otros criterios.

En indumentaria, una pieza aislada rara vez cuenta toda la historia.

El traje de fallera que todo el mundo reconoce

Fallera vestida con indumentaria valenciana tradicional
La indumentaria fallera ha evolucionado con el tiempo y convive actualmente con diferentes formas de vestir de valenciana.

Rafa Esteve, vía Wikimedia Commons. CC BY-SA 4.0. Adaptación para VALENCIA: reducción y conversión a WebP. La imagen adaptada se distribuye bajo CC BY-SA 4.0; las adaptaciones posteriores deben respetar la atribución y compartir igual.

Cuando alguien que nunca ha estudiado indumentaria piensa en una fallera, probablemente imagine una silueta muy determinada: falda de gran presencia, cuerpo coordinado, manteletas, delantal, aderezo, peinetas y el característico peinado con moño posterior y rodetes laterales.

Esa imagen tiene una enorme fuerza visual y se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles de Valencia.

Pero tampoco apareció terminada de un día para otro.

Ha evolucionado con el tiempo.

Han cambiado patronajes, escotes, mangas, tejidos, colores, volúmenes, bordados, peinados y formas de entender qué resulta más o menos fiel a determinadas referencias históricas.

Por eso es posible encontrar hoy dentro de las Fallas desde conjuntos claramente vinculados a la estética fallera consolidada hasta propuestas que buscan recuperar con mayor rigor determinadas formas de vestir del XVIII o del XIX.

Y pueden convivir en la misma fiesta.

¿Un traje del siglo XIX es lo mismo que un traje de fallera?

No exactamente.

Dentro del mundo fallero es habitual encontrar la denominación traje del siglo XIX, y Junta Central Fallera ha utilizado durante años referencias diferenciadas a vestidos del XVIII y del XIX dentro de la indumentaria oficial.

Pero eso no significa que una valenciana cualquiera del siglo XIX vistiera como una fallera actual.

Una cosa es la indumentaria histórica que realmente utilizaron las personas en el siglo XIX y otra el proceso posterior mediante el cual determinadas referencias históricas fueron seleccionadas, adaptadas, reinterpretadas y convertidas en parte de la vestimenta festiva.

Ese proceso merece un artículo específico.

Por ahora basta con evitar una equivalencia demasiado fácil:

siglo XVIII no significa automáticamente “traje de valenciana” y siglo XIX no significa automáticamente “traje de fallera”.

La realidad es bastante más rica.

El peinado cambia el conjunto mucho más de lo que parece

Peinado tradicional de valenciana con peinetas
El peinado y la orfebrería deben entenderse como parte del conjunto de indumentaria.

ANGEL-ROS-DIE, vía Wikimedia Commons. CC BY-SA 4.0. Adaptación para VALENCIA: reducción y conversión a WebP. La imagen adaptada se distribuye bajo CC BY-SA 4.0; las adaptaciones posteriores deben respetar la atribución y compartir igual.

El cabello es uno de los primeros elementos que llaman la atención.

La imagen fallera más reconocible incorpora un moño posterior y dos rodetes laterales, acompañados por las correspondientes piezas de orfebrería.

En otras propuestas de inspiración histórica encontramos soluciones diferentes, especialmente el moño único posterior asociado frecuentemente a conjuntos de inspiración dieciochesca.

Pero, de nuevo, conviene evitar las reglas demasiado fáciles.

El peinado debe tener relación con el resto de la indumentaria.

Vestido, cabello, peinetas y joyería forman parte de una misma lectura visual.

Por eso dos mujeres pueden estar perfectamente vestidas de valenciana y presentar peinados muy diferentes.

No necesariamente una va “bien” y la otra “mal”.

Puede que estén representando lenguajes diferentes.

Peinetas: algo más que decoración

Las peinetas son uno de los elementos más identificables de la indumentaria valenciana.

Su número, tamaño, forma, material, acabado y posición están relacionados con el peinado y con el carácter del conjunto.

Actualmente continúan siendo elaboradas por talleres especializados mediante técnicas artesanales como cincelado, repujado o flor de agua.

Junta Central Fallera encarga incluso diseños distintos para acompañar los diferentes vestidos oficiales de las Falleras Mayores de Valencia y sus Cortes de Honor.

Eso ayuda a entender una idea esencial:

no existe una peineta universal que simplemente se añada a cualquier traje.

La relación entre cabello y orfebrería importa.

Aderezos y joyería: el conjunto continúa en los detalles

Tres peinetas de orfebrería utilizadas en la indumentaria valenciana
Peinetas, pendientes y otras piezas de orfebrería forman parte del lenguaje de cada conjunto.

Ellywa, vía Wikimedia Commons. CC BY-SA 4.0. Adaptación para VALENCIA: reducción y conversión a WebP. La imagen adaptada se distribuye bajo CC BY-SA 4.0; las adaptaciones posteriores deben respetar la atribución y compartir igual.

Lo mismo ocurre con el aderezo.

Pendientes, agujas y otras piezas de joyería pueden adoptar formas, materiales y soluciones muy diferentes.

Hay modelos de racimo, piezas inspiradas en ejemplos antiguos, perlas, piedras, diferentes monturas y numerosos lenguajes de orfebrería.

Para quien empieza no tiene demasiado sentido memorizar todavía todos esos nombres.

Es más útil aprender otro principio:

el aderezo debería acompañar al conjunto y no competir con él.

Elegir las piezas simplemente porque son las más grandes, brillantes o caras no garantiza una indumentaria mejor resuelta.

Detrás de una combinación coherente suele haber una decisión sobre qué se quiere representar.

Manteletas, pañuelos y delantales tampoco son intercambiables

En el traje fallero contemporáneo, las manteletas y el delantal tienen una enorme presencia visual.

Pero tampoco podemos proyectarlos sin más sobre todos los periodos históricos.

Al retroceder aparecen diferentes pañuelos, encajes, tejidos, dimensiones, formas de cubrir el escote y los hombros y distintos tipos de delantal.

Por eso un indumentarista serio no debería empezar únicamente preguntando:

“¿Qué color te gusta?”

Antes tendría que saber qué tipo de conjunto quieres construir.

A partir de ahí empiezan las decisiones coherentes sobre tejido, cuerpo, falda, pañuelo o manteleta, delantal, joyería y peinado.

Lo que no vemos también viste: camisa, enaguas y cancán

Buena parte de la silueta final está escondida debajo de la falda.

Camisas, enaguas y otras prendas interiores han formado históricamente parte esencial de la forma de vestir.

En la indumentaria fallera contemporánea tiene además gran importancia el cancán, que ayuda a construir el vuelo y el volumen exterior.

Junta Central Fallera sigue encargando actualmente cancanes, camisas y enaguas como parte diferenciada de la indumentaria oficial.

No es un detalle menor.

Dos faldas confeccionadas de forma similar pueden producir resultados completamente diferentes dependiendo de lo que haya debajo.

Demasiado volumen puede deformar la proporción.

Muy poco también puede alterar completamente la silueta buscada.

Y una recreación histórica puede necesitar una estructura interior distinta de la utilizada para conseguir el vuelo de un traje fallero contemporáneo.

Vestirse empieza antes de que se vea el vestido.

Medias y zapatos también forman parte de la lectura

El conjunto continúa hasta los pies.

Las medias pueden utilizar distintos materiales, dibujos y bordados.

Los zapatos también tienen su propio diseño y pueden adquirir más o menos protagonismo dependiendo del largo y volumen de la falda.

En determinadas formas históricas de vestir el calzado resulta mucho más visible que en algunos conjuntos festivos actuales.

Por eso, cuando hablamos de coherencia, no podemos detenernos en la cintura ni en el borde de la falda.

¿Pueden convivir distintos trajes en un mismo acto?

Sí.

Y ocurre continuamente.

Dentro de las Fallas puede encontrarse en un mismo acto a mujeres con diferentes planteamientos de indumentaria valenciana.

Las propias representantes oficiales disponen de distintos vestidos y conjuntos a lo largo de su ejercicio.

La convivencia entre diferentes soluciones no es necesariamente un error.

Lo importante es que el conjunto tenga sentido y que resulte adecuado para el contexto.

Otra cuestión diferente son las normas internas o protocolos concretos de una comisión, asociación o acto determinado.

Si vas a participar activamente y no simplemente como espectador, conviene preguntar antes.

¿Cuándo es correcto decir “va vestida de fallera”?

Cuando estamos en un contexto fallero, es una expresión completamente natural.

En una Ofrenda, una presentación de comisión o una exaltación podemos hablar perfectamente de una mujer vestida de fallera.

Lo que no deberíamos hacer es convertir cualquier mujer con indumentaria valenciana en fallera por definición.

Puede participar en otra fiesta, pertenecer a un grupo de danzas, intervenir en una celebración religiosa, realizar una recreación histórica o simplemente vestir indumentaria tradicional sin tener ninguna relación con una comisión.

En esos casos hablar de traje de valenciana o, mejor todavía cuando queremos ser precisos, de indumentaria valenciana, evita bastante confusión.

Quiero vestirme de valenciana: qué debería saber antes de alquilar

Para alguien de fuera, ponerse indumentaria valenciana puede ser una forma magnífica de acercarse a la fiesta.

Pero existe una diferencia considerable entre vestirse de valenciana y ponerse un disfraz que pretende parecer valenciano.

Antes de alquilar conviene preguntar al establecimiento para qué acto se utilizará, qué estilo de indumentaria ofrece, qué prendas están incluidas, si incluye peinetas y aderezo, qué ropa interior proporciona, cómo se resuelve el calzado y si dispone de servicio de vestidora y peluquería.

También hay que saber si se participará en un acto organizado que tenga requisitos propios.

La prioridad no debería ser escoger simplemente el tejido más espectacular.

Un conjunto más sencillo, correctamente ajustado y coherente suele funcionar mucho mejor que uno muy llamativo en el que vestido, peinado y accesorios parecen pertenecer a tres historias diferentes.

Especialmente si es tu primera vez, dejarse vestir por alguien que conozca realmente la indumentaria puede marcar una diferencia enorme.

Si quien va a vestirse es un niño

Con los niños añadiríamos una condición que a veces olvidamos: deben poder seguir siendo niños.

El peso de las prendas, el largo, el volumen, el calzado, el cabello y el tiempo durante el que tendrán que llevar el conjunto importan.

No sirve de mucho conseguir una fotografía espectacular si cinco minutos después el niño no puede caminar, sentarse o disfrutar de la fiesta.

Las propias soluciones profesionales de indumentaria utilizan estructuras y prendas adaptadas a las necesidades de las niñas.

Correctamente vestido no debería significar incómodo.

¿Y la indumentaria masculina?

La dejamos deliberadamente fuera de este artículo.

No porque tenga menos importancia, sino porque ocurre exactamente lo contrario.

La indumentaria valenciana masculina abre otro universo completo: saragüells, calzones, pantalones, camisas, chalecos, jupetins, fajas, pañuelos, sombreros, calzado, diferentes épocas y formas de vestir, además del traje fallero institucional desarrollado posteriormente.

Reducir todo eso a “el traje de fallero” cometería el mismo error que acabamos de evitar con la mujer.

Tendrá su propio desarrollo.

Indumentaria valenciana: un patrimonio vivo, no un uniforme

La indumentaria valenciana no consiste solamente en colocar bien una peineta.

Es historia social, moda, seda, tejido, patronaje, costura, peluquería, orfebrería, artesanía e identidad.

Y es también una tradición que continúa evolucionando.

Por eso existen debates constantes sobre qué es históricamente correcto, qué pertenece a determinada época, qué se ha incorporado posteriormente y qué es simplemente una moda contemporánea convertida con el tiempo en supuesta tradición.

En VALENCIA VALENCIA no pretendemos convertirnos en la policía de la indumentaria.

Queremos hacer algo más útil: aprender a distinguir historia, tradición, evolución y moda, entender por qué cada pieza está ahí y documentar poco a poco un conocimiento que normalmente aparece disperso.

Este artículo es el mapa de entrada.

Después vendrán el siglo XVIII, el XIX, los peinados, las peinetas, los aderezos, la ropa interior, los tejidos, la seda, el espolín, la indumentaria masculina y la parte más práctica de comprar o alquilar.

Porque cuando una valenciana termina de vestirse, lo que lleva encima es mucho más que un vestido.

Crédito de la imagen destacada

inferis (Praetershoek), vía Wikimedia Commons. CC BY-SA 2.0. Adaptación para VALENCIA: recorte y conversión a WebP. La imagen adaptada se distribuye bajo CC BY-SA 2.0; las adaptaciones posteriores deben respetar la atribución y compartir igual.