Paella valenciana: el ritual de hacer una paella con amigos

Paella valenciana preparada para compartir entre amigos

Una paella valenciana puede estar perfectamente cocinada y seguir faltándole algo.

Gente alrededor.

Porque aquí la paella no es solamente una receta de arroz.

Es quedar.

Comprar lo necesario.

Preparar el fuego.

Discutir si falta caldo o sobra.

Esperar.

Opinar aunque no estés cocinando.

Comer.

Y alargar una comida que muchas veces empezó bastante antes de sentarse a la mesa.

Por eso, si quieres entender de verdad la paella valenciana, no basta con aprender sus ingredientes.

Hay que entender el ritual de hacerla y compartirla.

La propia protección oficial de la paella lo dice bastante claro

Desde 2021, la paella valenciana está declarada Bien de Interés Cultural Inmaterial.

Y el nombre oficial elegido para protegerla resulta especialmente significativo:

«La paella valenciana, el arte de unir y compartir».

No se protege únicamente una lista de ingredientes.

La declaración habla también de conocimientos transmitidos entre generaciones, comidas familiares de domingo, celebraciones, fiestas populares, formas de cocinar y costumbres relacionadas con la manera de compartirla.

Es decir:

la paella es el plato, pero también todo lo que sucede alrededor.

Una paella con amigos empieza mucho antes de echar el arroz

Cuando se hace una paella en casa, en un chalet, en una caseta, en un paellero o donde permita hacerlo correctamente, la comida no empieza al servir.

Empieza bastante antes.

Hay que tener ingredientes.

Preparar la carne y la verdura.

Organizar la paella.

Controlar el fuego.

Tener bebida.

Y, sobre todo, tener tiempo.

Eso explica por qué la paella encaja tan bien con domingos, celebraciones y reuniones familiares o de amigos.

No es precisamente el plato que eliges cuando quieres comer en quince minutos.

Hacer una paella también es pasar la mañana juntos.

Siempre hay alguien pendiente de la paella… y varios expertos alrededor

La elaboración necesita atención.

Especialmente cuando entra en juego el fuego y, más tarde, el punto del arroz.

Pero alrededor de quien cocina suele suceder otra cosa:

conversación.

Consejos.

Opiniones.

Alguien pregunta cómo va.

Otro considera que el fuego está demasiado fuerte.

Otro recuerda cómo la hacía su padre, su madre o su abuelo.

Y alguien que no ha tocado la paella en toda la mañana puede aparecer justo a tiempo para decir si el arroz está bien.

Ahí está parte del ritual.

La receta se transmite cocinando, mirando, preguntando y discutiendo.

No únicamente leyendo cantidades.

Antes del arroz están el fuego y los ingredientes

La versión más extendida de la paella valenciana utiliza pollo, conejo, judía verde —la ferradura—, garrofó, tomate y arroz, además de aceite de oliva, agua, sal, pimentón y azafrán.

Existen variaciones relacionadas con zonas, temporada y costumbre familiar.

Y eso también forma parte de la tradición.

No hace falta convertir cada paella entre amigos en un tribunal gastronómico.

Pero tampoco llamar paella valenciana a cualquier arroz simplemente porque se ha cocinado en una paella.

Aquí hay una diferencia importante:

una cosa son las variaciones de una tradición viva.

Otra, pensar que cualquier ingrediente da exactamente igual.

El arroz importa, pero no hace falta empezar una guerra de variedades

Valencia tiene además una relación directa con el cultivo del arroz.

La Denominación de Origen Arroz de Valencia protege actualmente variedades tipo senia, bomba y albufera, adaptadas al cultivo en el entorno de l'Albufera y utilizadas en el recetario arrocero valenciano.

Cada una tiene comportamientos diferentes al cocinar.

Pero para entender el ritual hay algo todavía más importante:

cuando llega el momento de echar el arroz, la conversación alrededor de la paella suele cambiar.

Ahora ya empieza la parte delicada.

Con leña, el fuego también forma parte de la conversación

La forma tradicional utiliza fuego de leña.

Y en Valencia está especialmente extendido el uso de madera de naranjo.

Paella valenciana cocinándose sobre fuego de leña
La leña, especialmente la de naranjo, forma parte de la forma tradicional de cocinar la paella.

Foto: Ferbr1 / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0. Imagen redimensionada y convertida a WebP.

No es solo una cuestión romántica.

La leña obliga a trabajar con el fuego.

Avivarlo.

Reducirlo.

Mover madera.

Observar cómo hierve.

Adaptarse.

Por eso cocinar una paella a leña tiene una dimensión que desaparece parcialmente cuando simplemente giras un mando.

Eso no significa que una paella hecha con gas deje automáticamente de ser digna.

El gas permite repartir el calor de forma homogénea y es muchísimo más manejable.

La cuestión es otra:

con leña, el fuego también participa en el ritual.

Y llega el momento en que ya no conviene tocar demasiado

Hay un punto en el que el arroz entra en la paella y la improvisación empieza a tener consecuencias.

La capa debe quedar suficientemente fina.

El arroz se distribuye.

El líquido va desapareciendo.

El fuego se controla.

Y llega ese momento en que todo el mundo mira.

¿Le falta?

¿Está duro?

¿Se ha pasado?

¿Hay demasiado fuego?

Aquí es donde una mañana entera puede acabar con felicitaciones o con una colección de explicaciones sobre por qué esta vez no ha quedado exactamente como debía.

Porque una de las características más valencianas de la paella es esta:

casi siempre hay opinión.

Después llega una parte muy difícil: esperar

Cuando se retira del fuego conviene dejarla reposar unos minutos.

Parece poco.

Hasta que tienes hambre y llevas toda la mañana oliéndola.

Paella valenciana terminada después de cocinar el arroz
Tras retirar la paella del fuego, el arroz se deja reposar unos minutos antes de comer.

Este es además el momento de la inspección.

Se mira el arroz.

Se comenta el punto.

Se comprueba el fondo.

Y alguien pregunta inevitablemente:

«¿Ya?»

Todavía no.

Comer directamente de la paella no es una ocurrencia para turistas

Aquí aparece una de las costumbres que más sorprenden a quien no la conoce.

Tradicionalmente, una paella compartida puede comerse directamente del propio recipiente.

No es obligatorio.

Ni todas las familias lo hacen siempre.

Pero es una costumbre valenciana documentada desde hace mucho tiempo.

Cada comensal come de la zona que tiene delante.

Si alguien prefiere plato, puede servirse.

Tradicionalmente se utilizaba cuchara; antiguamente, incluso cucharas individuales de madera.

Lo importante no es convertir la comida en una ceremonia rígida.

Es entender que ese modo de comer refuerza algo que ya estaba presente desde el principio:

todos alrededor de la misma paella.

Si comes de la paella, tu parte está delante de ti

Aquí sí existe una lógica bastante sencilla.

Imagínate la paella dividida en porciones desde el borde hacia el centro.

Tú avanzas por la que tienes delante.

No hace falta explorar el territorio del vecino porque hayas visto un trozo de conejo especialmente bueno dos posiciones más allá.

La declaración oficial del BIC recoge precisamente esta costumbre: cada comensal conserva su espacio y, cuando alguien come en plato, tradicionalmente se sirve desde el centro para no alterar la zona de los demás.

Es una regla no escrita bastante eficiente.

Y evita conflictos diplomáticos.

Si te invitan a una paella, no llegues dando lecciones

Probablemente sea el consejo más útil para alguien que no ha vivido esta costumbre.

Cada familia.

Cada grupo de amigos.

Cada pueblo.

Y prácticamente cada persona que cocina con frecuencia tiene sus propias manías.

Hay quien añade romero.

Hay quien no quiere verlo ni de lejos.

Hay ingredientes estacionales.

Variaciones locales.

Distintas maneras de medir el agua.

Formas diferentes de repartir el arroz.

Paellas a leña y paellas a gas.

Si te invitan, observa.

Pregunta.

Ayuda si hace falta.

Y sobre todo:

no conviertas una comida entre amigos en un debate de Internet sobre quién posee la única receta verdadera.

Paella valenciana no significa que todos los arroces valencianos sean paella valenciana

Este punto merece quedar claro.

Valencia tiene una cultura arrocera muchísimo más amplia.

Arroz a banda.

Arroz del senyoret.

Arroz negro.

Arroz al horno.

Arròs amb fesols i naps.

Arroces melosos.

Y muchas otras preparaciones locales.

No necesitamos meterlas todas dentro de la palabra paella para defenderlas.

Al contrario.

Parte de conocer la gastronomía valenciana consiste precisamente en aprender que no todo arroz valenciano es paella valenciana.

Ya tendremos tiempo de hablar de los demás.

Entonces, ¿qué hace especial una paella entre amigos?

No es únicamente el sabor.

Es que la elaboración obliga a compartir tiempo.

Alguien cocina.

Alguien prepara cosas.

Alguien trae bebida.

Alguien llega tarde.

Todo el mundo mira la paella.

Se habla.

Se espera.

Se discute el punto del arroz.

Y finalmente todos comen aquello que han estado viendo cocinar durante buena parte de la mañana.

Por eso la denominación oficial «el arte de unir y compartir» resulta bastante acertada.

La paella valenciana es una receta.

Pero, cuando se vive aquí, también puede ser una excusa perfecta para organizar el día alrededor de una mesa.

Y quizá esa sea la parte más difícil de explicar con una receta.

Fuentes

Boletín Oficial del Estado — Decreto 176/2021, declaración BIC Inmaterial de la paella valenciana «el arte de unir y compartir»

Diari Oficial de la Generalitat Valenciana — Decreto 176/2021, de declaración de Bien de Interés Cultural Inmaterial de la paella valenciana

Turisme Comunitat Valenciana — Paella valenciana

Visit València — Todo lo que debes saber sobre la auténtica paella valenciana

Denominación de Origen Arroz de Valencia — Variedades amparadas y entorno de producción